Pasos para la liberación
PASOS PARA LA LIBERACIÓN
No es lo mismo actuar con una persona con la que hablamos y percibimos que tiene ataduras demoníacas, o aún un demonio, que busca ayuda, a cuando nos enfrentamos a una manifestación espontánea, por ejemplo, en medio de un culto, reunión o servicio.
Lo primero que se deberá hacer es tomar autoridad en el nombre de Jesús, cubrirnos con su sangre, cubrir nuestros familiares, bienes, animales, vehículos y propiedades, y atar las fuerzas demoníacas prohibiéndoles que se manifiesten con violencia o dañen a la persona afectada.
Atar al demonio exigiéndole que deje libre inmediatamente la mente de la persona a fin de poder presentarle el evangelio o reasegurar si es salva.
Luego deberemos tranquilizarle respecto a lo que estamos haciendo, explicándole que no es algo contra ellos sino en contra de lo que está actuando en ellos. Preguntarle si desea ser libre, esto es básico y esencial. Nadie es liberado si no quiere ser liberado. Todos los endemoniados que liberó Jesús, fueron a Él buscando ayuda.
Cuando se les demanda a los demonios que dejen libre a la persona en el nombre de Jesús, pueden irse de inmediato o presentar mucha lucha. A veces eso ocurre por pecados no confesados. Por eso pueden necesitarse varias sesiones de liberación progresivas.
Anular todo asidero para los demonios: rencores, amarguras, falta de perdón, etc. Cuando ha confesado y se ha arrepentido y ha perdonado, orar para que Dios dé sanidad a su espíritu y a su mente.
Orar la persona renunciando a toda relación con el ocultismo, rompiendo con herencias familiares y con maldiciones recibidas; rompiendo juicios, etc.
Orar para que Dios ocupe con su Espíritu todo lo que en la persona va siendo liberado.
Cuando se produce la liberación total, se ora y se alaba a Dios, exaltando el nombre de Jesucristo.





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Ricardo Pérez

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Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. OSEAS 4:6
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Padre celestial, reconozco que soy pecador(a). Me arrepiento de mis pecados. Creo que Jesucristo murió por mis pecados, que resucitó de la tumba y que vive para siempre. Le abro la puerta de mi corazón y de mi vida, y recibo al Señor Jesús como mi Salvador. Deseo que El sea el Señor de mi vida. Gracias por salvarme. En el nombre de Jesús, amén.
 
 

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